S. E. D. A. Ejercicio en clase Andrea Febrero 2010
D bostezó. Había dormido toda la noche de un tirón. De puro cansancio, después de un trabajo intenso y laborioso. Satisfecho. Todo a punto: el sol, los astros, los campos, los animales... Pero tenía una cierta sensación de vacío. Sí, perfecto y autosuficiente, pero solo. Y aburrido.
Y pensó, “voy a crear un ser parecido a mí, un poco menos dotado, no vaya a ser que...” Y D se hizo una lista con las cualidades que debería poseer su creación.
- Sabiduría, Inteligencia, Magnificencia, Potencia, Libertad, Independencia, Coraje, Imposición, Dignidad, Autoridad, Decisión.
Y luego dudó. Aunque es omnisciente y omnipotente, D también duda, “habría que fabricarlo con algún defectillo, pero sin que él lo sepa, que se desinflará” Y así D hizo otra lista:
- Impulsividad, Narcisismo, Megalomanía, Alopecia, Desidia, Uncontinencia, Rusticidad, Estulticia, Zafiedad.
Y finalmente creó a A. Y le añadió otro defectillo en forma de colgajo entre las piernas. No se sabía muy bien para qué servía y, además era bastante antiestético.
D y A se hicieron buenos amigos. D le dejaba ganar alguna vez las partidas de ajedrez y las de tres en raya. A se sentía honrado con la amistad condescendiente de D, pero le faltaba algo. D le veía jugar con su colgajo a todas horas. Y pensó: “no puede jugar solo todo el día, necesita compañía, un ser parecido sólo que más bello y delicado”
Y así, para satisfacer las necesidades de A, D creó a E. A colmaba de atenciones a E que parecía pequeña y frágil. E flotaba entre algodones, feliz y tranquila... durante un tiempo. A quería jugar a todas las horas, se enfadaba cuando E no quería y no le gustaba que E paseara sola.
Un día E salió a explorar por su cuenta más allá dela cueva y del jardín y conoció a S. elegante, versátil, imprevisible... En compañía de S descubrió un mundo nuevo, salió de los confines protegidos y exploró latitudes desconocidas. Y hasta se atrevió a probar manjares que antes le estaban prohibidos por D, al que A nunca se había atrevido a contradecir.
Cuando E quiso que A y S se conocieran, A balbuceó toda clase de disculpas. Pero al final cedió. Juntos A, E y S se acercaron al huerto de las frutas prohibidas. Y se dieron el gran banquete. Y D nunca se enteró. E se había encargado de distraerlo provocando una inundación río arriba, en la otra ladera de la montaña, que a D le costó mucho controlar. A pesar de ser omnipotente, E había llegado a un acuerdo con los castores, para que rompieran el dique y tuvieran ocupado a D.
A nunca reconoció a E su capacidad estratégica. Y D nunca llegó a sospechar semejante nivel de astucia y habilidad en E. Y así, por los siglos de los siglos.
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