Lo que sucedió a continuación fue que me negué a creer que me había convertido en un pecho. Tras haber conseguido renunciar (más o menos) a mis sueños de acoplamiento por medio del pezón con Claire, con la señorita Clark, con cualquier mujer que estuviese dispuesta, me di cuenta de que aquello era imposible. Un hombre solo puede convertirse en pecho en su propia imaginación.
- ¿Por qué no? -replicó el doctor Klinger.
No hay comentarios:
Publicar un comentario